SEGUIDORES

martes, 13 de marzo de 2012

DISCIPULADO No. 3

Un importante trabajo debe ser abordado por el aspirante a la vida superior, una vez que ha hecho la noble tarea de auto observarse y llevar a un punto de equilibrio a su naturaleza emocional y mental. Esta nueva tarea tiene que ver con un cambio en la estructura del pensamiento. Convencionalmente hemos aceptado observar el mundo asumiendo que está compuesto de partes separadas. Para tal efecto hemos clasificado y jerarquizado a todo aquello que llamamos un ser, pues esta es la forma en que funciona la mente racional; de hecho la palabra racional viene de razón o parte, y es un modelo que nos permite comprender el mundo a través de definiciones, dadas a las supuestas partes, y basadas en un proceso de percepción a través de los sentidos. En algunas ocasiones encontramos alguna dificultad al tratar de comprender ciertos aspectos de la existencia que denominamos abstractos debido a que no podemos hacernos una imagen definida o formal. Tal es el caso de las emociones, los sentimientos, las percepciones extrasensoriales.
Cuando tratamos de entrar en esos conceptos nuestra mente se pierde en ellos y no logramos un acuerdo en cuanto a la manera en que percibimos estos elementos. Esto sucede porque tratamos de entrar en el conocimiento de aquello que en realidad no tiene forma. Más allá de las tres primeras regiones del mundo físico, nuestra percepción de la realidad es escasa, ya que nuestros sentidos no han sido desarrollados para percibir algo que sea más sutil que un gas. De hecho la mayoría de las definiciones estructurales de los seres se refieren exclusivamente a esta porción del mundo de las formas y la ciencia basa sus afirmaciones en esta superficial observación de la realidad. Pero es de conocimiento del verdadero ocultista el hecho de que la esencia es anterior a la estructura, la fuerza y la energía son la causa de la materia y el espíritu anterior a todas éstas. En nuestro camino de regreso a la percepción espiritual de la existencia, hemos de ir de la materia a la energía, de allí a lo astral y lo mental, rumbo al mundo del espíritu. Para hollar este sendero es necesario descondicionar la mente, la cual hemos entrenado hasta convertirla en una rígida estructura cuyas observaciones están sesgadas por los paradigmas establecidos mediante el método de percepción sensorial. El esoterismo tiene muchas teorías acerca de los mundos sutiles que ya no son suficientes para el aspirante a un escalón más elevado; es necesaria la experimentación pura que permite descubrir la realidad tras la forma aparente. Para lograr este propósito es indispensable analizar primeramente nuestro nivel de condicionamiento mental. Hemos de entender que el lenguaje constituye una limitación en el proceso. Hemos construido un idioma para describir el universo bajo el supuesto universal de las partes separadas, y toda la estructura idiomática conduce a este tipo de percepción equivocada del entorno, la cual ni siquiera nos permite percibir una realidad perfecta, debido a que los sentidos solo reciben irradiaciones que son reflejadas por esa realidad que entendemos en partes. Estas irradiaciones, ya se trate de luz, sonido o diminutas ondas o partículas, generan percepciones que nosotros convertimos en imágenes y luego en conceptos previamente acordados acerca de esas percepciones. Los sentidos jamás pueden percibir de frente la realidad cósmica. Solamente apreciamos un vago reflejo de ella y durante milenios de construcción cultural nos hemos convencido en masa de esta ilusoria realidad. El estudiante profundo de ocultismo debe anhelar hallar un método, un camino, una puerta que le conduzca a la percepción directa de la realidad única. Si encuentra el ábrete sésamo que le permite pasar la barrera de los sentidos, para entrar en la percepción de la unidad infinita, se dará cuenta de que todas las aparentes partes, a través de las cuales su mente está acostumbrada a ver el , sumergen sus raíces en la esencia universal del Absoluto y se conectan entre sí creando una extraordinaria red infinita que no es otra cosa que el Espíritu mismo del Mundo. Es necesario que el estudiante comience a acercarse mentalmente a una nueva forma de apreciar la existencia. Sirve como ejemplo el visualizar dos árboles que están separados entre sí unos tres metros. Aparentemente se trata de dos seres distintos que no tienen conexión alguna, pero si caváramos la tierra que hay entre ellos, podríamos ver que sus raíces se prolongan en la profundidad y se entrelazan, y tal vez se comunican entre sí en un misterioso lenguaje que desconocemos. De igual manera, todo ser existente extiende las raíces de su propio espíritu hacia el infinito y se comunica con cualquier otro ser existente. Esta visualización de una invisible conexión infinita es un primer ejercicio que hemos de repetir a diario con el objeto de acostumbrarnos a que estamos conectados con todo el universo, debido a que nuestra espíritu no está encerrado en las fronteras del cuerpo. Nuestro espíritu pertenece al mundo de lo adimensional, de lo informe, de lo que no tiene fronteras; y si no hay límite y todo espíritu goza de la infinitud de su Creador, en realidad no hay espíritus diferentes sino Una Sola Alma Universal que es el Alma del Creador Mismo.
El lenguaje que usamos a diario va en contravía de esta percepción universal. Para referirnos a alguna criatura hablamos del yo, tú, el nosotros, ellos, eso, esto o aquello y  asumimos que se trata de realidades diferentes. Los esotéricos hablamos del Ego que anima a cada criatura evolucionante, pero también solemos asumir que los Egos son entes separados. Tras los Egos vislumbramos a las Monadas o Chispas de la Llama Divina, pero también solemos asumir que son entes individuales. Nuestro ejercicio mental de descondicionamiento incluye el observar nuestras afirmaciones diarias y darnos cuenta de que en realidad son recursos que usamos para describir el mundo en partes pero que no corresponden a la realidad trascendente.  Una vez hecha esta observación ha de practicarse el ejercicio de la meditación que busca establecer un puente entre nuestra mente concreta, esa que visualiza imágenes, formas y partes, y nuestra mente abstracta, la que construye concepciones que están más allá de lo que puede ser percibido como una forma. Se entiende entonces que la meditación real no es un ejercicio de imaginar cosas, porque las imágenes pertenecen al mismo sistema condicionado. Tampoco es un ejercicio de reflexión acerca de lo que conocemos con nuestros sentidos o de la información científica que tenemos con respecto a la realidad del cosmos, ya que todos estos pensamientos están viciados por la misma limitación condicionada. Es necesario cambiar el paradigma, romper esta estructura y estar dispuestos a percibir más allá del pensamiento. La meditación verdadera va más allá de pensar en palabras, va más allá de la racionalidad, va más allá de los sentidos. El verdadero ocultista sabe que sus sentidos solo observan a “maya”, una extraordinaria ilusión de la realidad, pero que al entrar en el nivel de conciencia propio de la percepción espiritual despierta a esa extraordinaria realidad que está más allá y que contiene todas las simientes de la existencia y todo el poder de controlarla. Este ejercicio de sentirnos conectados con todo lo existente es una extraordinaria ayuda para romper los apegos, ese cepo poderoso que detiene el avance del aspirante espiritual, ya que la nueva visión, el nuevo paradigma nos hace caer en cuenta de que todo pertenece a todos debido a su infinita conexión, de que en realidad nada nos pertenece y de que no necesitamos nada en realidad porque todo lo tenemos. Sólo es necesario darnos cuenta, estar atento, percibir, ser conscientes de que somos entidades infinitas y que es nuestra limitada percepción, a través de nuestro llamado Yo, esta forma de expresión de la realidad suprema, lo que limita nuestro poder, nuestra luz y nuestra capacidad de acción en el mundo. Un iniciado no es alguien a quien se le regala  o transmite un poder extraordinario, sino uno que despierta de un duradero letargo y de repente observa y se da cuenta plena de que el poder siempre ha estado dentro de él, de que su Interior ha estado iluminado siempre, de que tiene una conexión con el alma de todas las cosas, porque él mismo es el Alma de Todas las Cosas. Iniciarse es renacer, es salir de la oscura tumba de la materia, es romper el velo del oscurantismo carcelario, del pensamiento racional, es ir más allá de su propio pensamiento y volver al paraíso perdido donde el Ser es nutrido permanentemente por Dios, porque se da cuenta que es Dios Mismo ya que dos seres infinitos que coexisten solo pueden ser un ser único, una Realidad Única.
El símil más cercano de esta nueva percepción es nuestro propio cuerpo físico. Cada pequeña célula es una unidad mínima de vida organizada, tan diminuta que nuestros sentidos no logran detectarla y necesitamos de un microscopio para cerciorarnos de su existencia. En cada una de estas unidades se halla contenida la información completa del cuerpo, es decir que cada célula está de algún modo conectada a la totalidad del cuerpo y prueba de ello es que todo el cuerpo se gestó a partir de la información contenida en una de estas unidades. Las células son inconscientes de esta totalidad y de su conexión con ella y funcionan como entidades individuales aparentemente pero en realidad se hallan conectadas entre sí por otras estructuras, otras células que permiten que se formen estructuras de mayor tamaño y más complejo nivel de organización. La vida de billones de células depende de la vida del hombre y si está se apaga, las células se transforman  igualmente, entrando su vida en reposo como si se tratara de una noche cósmica. Pero la información de su proceso de vida ha sido transmitida  a otras células que harán parte de un organismo futuro y esto permite la evolución. Tras la vida de las células está el Espíritu del ser, ese intangible que transmite la posibilidad de su propia creación. La vida de las células y su percepción de ésta es una ilusión comparada con el proceso del Ego que las anima y viven y desaparecen sin percatarse de su intrincada alianza de unidad de vida. Los seres humanos somos como células de un tejido llamado humanidad, el cual a su vez hace parte de un órgano mayor llamado Corriente de Vida, el cual no es más que parte integral de un ser gigantesco llamado Creación, cuya vida es realmente animada por el Ser Supremo, el cual a su vez es tan solo una proyección del Absoluto Inmanifestado.
Alrededor de nosotros, células de ese Gran Todo, imperceptibles para la consciencia ordinaria, hay invisibles tejidos cósmicos que nos interconectan, venas y arterias energéticas plenas de prana universal que alimentan a todos los seres, corrientes nerviosas de sustancia astral que vivifican a los reinos sensibles, y raudales mentales que traen consciencia a los seres que comienzan a despertar a la realidad cósmica, como diminutas células que de repente se dan cuenta que son parte integral de un gigantesco ser, cuya información está contenida en su totalidad en ellas. Así como es arriba así es abajo, reza el sagrado aforismo que nos enseña la Ley de Correspondencia.
Todo lo que ocurre a la más mínima aparente unidad de vida afecta a la totalidad, y todo lo que acontece en la totalidad macrocósmica afecta a las pequeñas unidades, dentro de las cuales se halla la total potencialidad del Cosmos.
Tú eres la potencialidad del Cosmos y contienes toda la información de la Vida Gigantesca que te anima. Eres la aparente parte en el Todo y el Todo en la aparente parte. Solo necesitas despertar y convertir lo potencial en dinámico, lo latente en poder manifiesto, la semilla que duerme en el árbol infinito, para ir de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz y de la muerte a la inmortalidad.
Haz diariamente el ejercicio de sentirte conectado a la Totalidad de la Creación. Esto obra como un taladro que horada la roca de la estructura mental condicionada y te conduce a través del túnel de la consciencia, hacia la luz de una verdadera realidad. Si logras esto, alcanzarás la consciencia del Mundo del pensamiento Abstracto, el Mundo de las corrientes de Ideas Arquetípicas generadas por la Mente del Divino Arquitecto de nuestro Sistema. Si lo logras tendrás pleno conocimiento del Plan y del funcionamiento armónico del Esquema al que perteneces. A este proceso lo llamo “conectar con la Internet Cósmica”. Si te esfuerzas verás fluir desde este nivel un gran caudal de Sabiduría  y habrás construido un puente entre el mundo de los efectos y el mundo de las causas, maravilloso recurso que te permitirá comunicarte con los Grandes Seres cuya consciencia se proyecta en estas altas esferas.
José Vicente Ortiz (A.K.)