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jueves, 31 de mayo de 2018


DISCIPULADO No. 30
CONSIDERACIONES AVANZADAS EN EL SENDERO DEL DISCIPULADO



  
La enseñanza que un Maestro transmite depende del grado de receptividad de quien la recibe. Hablando en general, tiene tres niveles. El primero es para aquellos que aún no despiertan o que recién salen del ensueño de la vigilia. Sin dejar de ser profunda, está velada, pero el Maestro la da al público en general como un llamado, o para dar el primer alimento al novicio. Si el corazón ya ha despertado, la semilla de esta enseñanza se depositará en el interior de quien responde al llamado y brotará con el tiempo, llegada la estación propicia. Si la tierra no está arada, la semilla quedará en la superficie, a merced del viento, o de los predadores. Mas si la tierra está preparada, la simiente irá al interior de ella para desenvolver su secreto potencial, y emerger en busca de la luz que la hará crecer. Cuando es duro el corazón de quien escucha, cuando la belleza de su alma está opacada por las burdas caparazones del ego, la enseñanza solo queda en la superficie de la mente y es arrastrada por las ráfagas de pensamientos de la mente descontrolada, o es devorada por las argumentaciones de la mente condicionada, que la tragan sin masticarla y la arrojan sin asimilarla. Pero si hay al menos una pequeña grieta en la coraza del corazón que deje acceder al agua de la vida, bajo la protección del alma, la enseñanza permanecerá allí para aflorar en la primavera de la vida, ese precioso instante en el que la divina potencialidad de la Sabiduría emerge. 

La palabra del Maestro, impregnada de espíritu, nutrirá a aquel que ha preparado sus ojos para ver y sus oídos para oír verdaderamente. Pero a quien no ha preparado sus ojos, por haber estado en la oscuridad, la luz lo enceguecerá y le hará ponerse un velo o voltear el rostro para evitar el rayo de luz; y a aquel que no ha preparado sus oídos, por estar acostumbrado al ruido del mundo y no a la melodía del cántico divino, la palabra le herirá, porque la palabra impregnada de espíritu es como una daga que abre heridas en el ego. Su objetivo es romper la caparazón de este ego, pero si el ego está bien nutrido, es como un tumor invasivo, plagado de venas y arterias, y al ser tocado por la  afilada espada de la Sabiduría, sangra. Los oídos no preparados para escuchar la palabra llena de espíritu, se sentirán heridos: el ego sangrará. Tapará sus oídos para evitar el dolor o huirá del eco del dulce cántico del Alma, conectada con el infinito.

El segundo grado de enseñanza es para los discípulos: los que han hecho un verdadero contacto, los que han tejido el hilo conductor que los conecta con el corazón del Maestro, los que han alcanzado la frecuencia receptiva que permite comprender a otro nivel. Son los iniciados que han preparado bien sus vasijas, para albergar las aguas espirituales de la Sabiduría. A ellos, el Maestro les enseñará en secreto, revelándoles los misterios del infinito en forma gradual. Un discípulo es aquel que ha aumentado su capacidad receptiva, a tal punto que puede recibir la luz de un Gurú, sin ser dañado o herido. Su mente limpia y su corazón puro se silencian, dispuestos, en estado de no saber, en extática contemplación, mientras su egoismo se diluye. Bienaventurado es aquel que se postra ante el portal de la Sabiduría, a los pies del Maestro, en espera de su Gracia, pues verá la luz surgir de su interior, revelando tesoros escondidos en el baúl de los misterios, por largas edades.

El tercer nivel de enseñanza es el que se alcanza cuando el iniciado se libera de la personalidad egoísta y hace contacto con la Divinidad, lo cual significa en realidad que recupera su autoconciencia de infinitud. Los Maestros contactan a la personalidad despejada, en la que un reflejo del alma asoma, bajo la gruesa y mayávica capa del ego, y toman a este valiente como su discípulo. La Divinidad contacta al Alma despejada del iniciado de alto grado, totalmente libre de ego. Entonces, la Sabiduría fluye libremente, en infinitos raudales, y por esta vía el iniciado se libera, regresando al Mar sin orillas. En realidad, la Divinidad se libera del remolino del ego creado por Maya, la ilusión Cósmica, rompiendo el estado de hipnosis, en esa Chispa de Sí misma que se proyectó en la multiplicidad. La Chispa retorna a la Flama Única; la gota regresa al infinito Océano.

El segundo nivel de enseñanza tiene en sí mismo varios grados que se obtienen en los Círculos internos del Maestro. Recordemos que el dulce Jesús de Nazaret tenía varios de estos círculos. El más amplio era el de setenta y dos, que fueron preparados y enviados de dos en dos por el mundo, para enseñar las buenas nuevas; luego, le seguía el círculo kabalístico de veintidós, entre los que estaban los doce y otros más cercanos como los hermanos Martha, María y Lázaro, José de Arimatea, María Magdalena y María su Madre. Luego venía el círculo de los 12 apóstoles y dentro de él dos círculos: uno de siete y otro, el más cercano, de tres, que eran Pedro y los hermanos Santiago y Juan. A cada grupo daba lo pertinente, de acuerdo con el nivel de comprensión, preparación y disciplina.

El nivel de receptividad necesario para ser aceptado por el Maestro, como un discípulo del Círculo Interno, depende de qué tan bien hayamos preparado nuestra vasija para recibir el agua de la Sabiduría.
 Para aumentar el nivel de receptividad, pureza y fortaleza de la estructura, cinco cualidades, relacionadas con los cinco elementos primordiales, y por resonancia con sus cinco chakras (centros espirituales) inferiores, deben ser desarrolladas por el discípulo: moderación (Tierra, primer chakra), auto observación (Agua, segundo chakra), autocontrol (Fuego, tercer chakra), devoción (Aire, cuarto chakra) y discernimiento (Éter o Akasha, quinto chakra).

Es necesaria la moderación de las fuerzas físicas. No abusar de las horas de trabajo, y hacer contención de los instintos, que son los impulsos que surgen de la naturaleza animal, tales como procrear, cazar, matar, estar mejor que.., envidiar a.., competir con... La ética norma lleva a no ejercer violencia sin necesidad estricta. De igual manera moderar  y transformar, los impulsos colectivos que están errados, desenfocados de las metas reales de la existencia, y que mueven a abusar del tiempo, y de otros, a buscar metas y a poseer a como dé lugar, etc. Moderación va de la mano con ser práctico, cualidad que bloquea impulsos, deseos y propensiones, y también con controlar la lengua, mediante el amor a la verdad, para evitar la falsedad y comunicarse sin herir. Es necesaria la regulación de las energías que causan los placeres y apetencias, incluido el placer sensual, y el logro del dominio del deseo.

Es necesario en este trabajo vivir sin codicia ni avaricia y en perfecto desapego por las cosas, las personas y las ideas, recordando la divina ley de la impermanencia de todo lo creado y de la no pertenencia. Solo hay un Hacedor y un Único dueño, y Él crea, sostiene y destruye cuando así lo requiera.  

La auto observación implica verse hacia adentro y encontrar los defectos del carácter, que en realidad están motivados por los samskaras (impulsos inconscientes formados por viejos hábitos) y vasanas (semillas latentes de viejos deseos), los cuales generan karma.

Auto observar es descubrir y no reprimir. En este ejercicio debe descubrirse la regularidad de los defectos y hábitos más predominantes, así como su intensidad. Se debe tomar consciencia de los deseos y de las aversiones, pues esto nos mantiene en el mundo de la dualidad, de las preferencias y de la inflexibilidad. Permite descubrir las motivaciones y las causas.

La auto observación es una larga y continua tarea en la que literalmente aprendemos a ver las caparazones del ego que incluyen los múltiples yoes o máscaras que crea para ocultarse, así como los ´complejos roles que asumimos en nuestra diaria relación con el mundo y sus habitantes.

La auto observación incluye el inventario de todas esas facetas y movimientos de nuestra personalidad tales como la queja, la sospecha, la vanidad, el mal uso de la lengua, la ira, la tristeza y los miedos. Mediante esta técnica se llega al desarrollo, dentro de ti mismo,  de un  observador imparcial, sin juicio, que logra tomar distancia y está atento a todos tus pensamientos, emociones y movimientos.

Auto control es poner un alto a los impulsos, hábitos negativos y defectos personales. La auto observación concientiza sobre ellos. Se necesita comenzar a frenarlos conscientemente pero de manera gradual. Es gratificante realizar el auto control, porque permite que la naturaleza personal se vaya armonizando con una vida espiritual. Mediante este ejercicio se alcanza el dominio de las emociones, pensamientos, comportamientos y deseos.

La devoción es la búsqueda de la presencia Divina. No es ritualismo, no es buscar una religión y ser su seguidor, no es separar lo sagrado de lo profano. Es llamar a Dios, mediante oración verdadera, lecturas de libros sagrados, enseñanzas de los Maestros de Sabiduría, cantos o danzas. Es manifestar a Dios en cada instante, es expresarlo en el día a día. Es realizar todas las cosas para Él y por Él. Dios es el dueño y nosotros solo sus servidores. La devoción abre la puerta a la intuición y ella trae consigo la alternativa de descubrir las señales para hacer lo que está en consonancia con Su Voluntad.

El discernimiento es una cualidad del intelecto superior, que está más allá de la racionalidad, de la mente discursiva, lógica y memorística. Para despertar el intelecto puro se precisa de la meditación, porque el discernimiento es la claridad que se establece en una mente quieta y serena. El discernimiento lleva de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real, de lo muerto a lo inmortal. Ir de lo irreal a lo real significa despreciar la ilusoriedad de las formas de este plano. Ir de lo muerto a lo inmortal significa apreciar la vida fluyente en cada una de las aparentes cosas de este mundo. Ir de la oscuridad a la luz significa rasgar el velo, el triple velo de la ilusión, entrar en la luz de la Divinidad, en la luz de la Conciencia infinita.

Estas cinco cualidades despertarán las fuerzas latentes de los cinco elementos, contenidas en los cinco centros espirituales o chakras inferiores de tu cuerpo etérico. El discípulo tendrá entonces los elementos necesarios para construir una vasija de excelente calidad, capaz de contener gran cantidad  de luz.

Una vez preparada la vasija, el Agua de Vida, el Agua de la Sabiduría, será puesta en ella; una vez construido el Templo, la Divinidad morará en él; una vez arada y preparada la tierra, la semilla del Árbol de la Vida será plantada en ella. El Maestro hará el control de calidad, y comprobará la fortaleza espiritual del candidato. Solo entonces le aceptará en su círculo más cercano, y le transmitirá las claves de los misterios más excelsos, capacitándolo para bucear en las profundas aguas del Océano Infinito.

Los Maestros buscan solo a aquellos discípulos que de verdad buscan diseminar la luz, continuando con su obra de iluminación. En verdad son atraídos por las almas y no por los egos. El verdadero discípulo es aquel que está interesado en disciplinarse, acatando la sabia guía del Maestro. El objetivo de éste es guiarlo hacia la senda de la liberación, y hacer que se convierta en un alma iluminada, en un Maestro de Sabiduría, bien sea que se difunda en el Insondable infinito o permanezca en el umbral entre el Absoluto y la creación, con su lámpara encendida, para indicar el camino a los nobles corazones que buscan la emancipación de la esclavitud de la ignorancia. Jamás será entregada la Sabiduría a los necios, ni puesta en el turbio lago de una mente ensombrecida y ciega. Ella es como una princesa dormida en una torre, que solo puede ser despertada por el Príncipe Espíritu, una vez haya pasado la prueba del corazón ennoblecido, que solo anhela el Amor puro, más allá de las riquezas materiales del Reino.

Cuando la intención es pura y la mente clara, la enseñanza del Maestro llega sin demora, y su resonancia rompe las mallas protectoras que separan la percepción de lo mundano del Reino de la Sabiduría. El velo de Maya es rasgado y hecho girones que se lleva el viento del olvido, permitiendo la extraordinaria percepción de lo real.

Alipur Karim